PARA GALLARDO, LA SELECCIÓN

El deslumbrante primer tiempo jugado por River hoy en la Bombonera, en donde sacó la diferencia que finalmente terminó justificando su triunfo por 2 a 0 ante Boca, ratifica el lugar que ocupa el equipo de Marcelo Gallardo a la hora de ganar partidos decisivos en los últimos cuatro años, a la par que ubica al DT como un candidato natural para la Selección, si es que hay alguien en el mundo AFA que aún quisiera que el fútbol argentino recupere el prestigio perdido.

Autor: Héctor Sánchez

Anticipo, quite, despliegue, dinámica y decisión para jugar el partido desde el medio de la cancha hacia adelante: en dos o tres pases, River llegaba al área rival y lastimaba, mientras que Boca no podía sostener la pelota ante la presión de un equipo que lo superaba en todas la líneas.

Sí, el que remitía y hacía pensar en aquel extraordinario director técnico de los grandes triunfos de Boca de hace 15 años atrás en ese mismo (y en otros tantos) estadios, hoy estaba ubicado con los suplentes del equipo  visitante y rival de toda la vida. Sí, el Carlos Bianchi de estos días es Marcelo Gallardo.

Cada jugador sabe lo que tiene que hacer en cada lugar de la cancha; los suplentes que ingresan cumplen y hasta superan a los reemplazados; la pelota se juega siempre con otro compañero y lo más rápido posible; el compromiso y la actitud no se discuten y sobre esa base se conforma el equipo. Aquel teléfono celular famoso que el "Virrey" tenía en línea directa -dicen que con Dios- para sumar y seguir, ha mutado de barrio y de divisa, y ese contacto es del "Muñeco".

Así, llegó el lógico primer gol del "Pity" Martínez, un golazo en su definición con una volea que todo jugador sueña, pero que tuvo un antes: anticipo de Montiel sobre Pavón en la mitad de cancha, búsqueda profunda con Borré, mal despeje de la defensa de Boca ante la presión de Palacios y 1-0 para los de Núñez.

Lo de Boca, antes y después de esa bisagra que abrió el partido, fue muy pobre, con un doble 5 inoportuno y mal ubicado por el DT Guillermo Barros Schelotto: un Almendra muy verde para estos partidos que era desbordado y superado por su rivales (ese mediocampo voraz y rendidor que tiene River) y un Wilmar Barrios condenado en soledad por el erróneo esquema diseñado por el Mellizo a perder ante los veloces toques de los "millonarios".

Porque una cosa es Barrios cortando y saliendo hacia adelante, y otra muy distinta es recibiendo de espaldas presionado y marcado por los rivales, que a ese libreto lo saben de memoria. Y otra cosa es el mediocampo "xeneize" sin Pablo Pérez, que supera las discusiones con presencia, temperamento y juego.

La parte final del primer tiempo y el comienzo del segundo mostró lo mejor de Boca, con más decisión y potencia adelante, pero sin situaciones muy claras, que cuando llegaban chocaban contra Armani, un arquero de primer nivel al que hay partidos en que hacerle un gol parece imposible. Hoy fue uno de esos días. En cambio, Boca aún pena por la lesión de Andrada y tuvo en Rossi al mismo de siempre, el que nunca transmite seguridad.

El golazo de Scocco fue la frutilla del postre para el merecido triunfo de River, que no admite polémicas y que vuelve a dejar al Boca de los "Mellizos" lleno de dudas. De ahí hasta el final, fue floreo del equipo visitante ante un rival derrumbado por su mala estrategia, por su falta de carácter en los partidos decisivos -una vez más- y por actuaciones muy bajas con futbolistas que terminaron siendo un manojo de nervios.

La táctica y la estrategia; el trabajo y el compromiso con el juego; la elección de los jugadores justos para cada momento; y la autoridad para imponer el desarrollo en el juego como lo piensa y lo siente. Con ese bagaje, Gallardo debería ser el entrenador de una Selección que más temprano que tarde tendría que reverdecer pergaminos para el fútbol de estas pampas.

Enjuagues, manoseos y mañas de dirigentes que privilegian otros negocios le negaron a Bianchi en su momento de gloria la llegada al seleccionado. Ojalá que no vuelva a suceder algo así en el ascendente camino deportivo que construye Gallardo como DT, si el entrenador así lo quisiera. Porque el damnificado sería el fútbol argentino.

 

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